De tanto denunciar supuestos complots provenientes de Colombia el gobierno venezolano pierde credibilidad. .


Al fallecido presidente venezolano Hugo Chávez Frías le sobraba talento para echar cuentos. Alguna vez, incluso, contó que la vida en Marte se había extinguido por culpa de las fuerzas oscuras del capitalismo. Y es que el capitalismo, el imperialismo, la derecha, encarnadas en la CIA, los presidentes George W. Bush o Álvaro Uribe, o la burguesía de su país, eran los villanos por excelencia en sus historias, en las que con frecuencia él representaba al héroe en peligro. Durante sus 14 años de gobierno Chávez denunció al menos en 36 ocasiones distintas que se estaba fraguando un plan en su contra.

Efectivamente, el gobierno capturó a Frederic Laurent, un militar francés que confesó sus planes homicidas en 2009. Y en 2004 fueron apresados casi 100 ciudadanos colombianos conocidos en Venezuela como los célebres ‘paracachitos’, que atentarían contra el presidente. Los colombianos fueron encarcelados y liberados tres años después, pero aún quedan varias dudas sobre el caso.

Después de este incidente y del golpe del 2002, en el que Chávez sí fue víctima de una conspiración para derrocarlo y nombrar en su reemplazo al expresidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, hoy refugiado en Colombia, este país ha sido visto por el chavismo como el territorio en el cual se cuecen todo tipo de conspiraciones en su contra. Así lo señaló también el canciller Elías Jaua hace unos días y anunció que, en un próximo encuentro entre los presidentes Nicolás Maduro y Juan Manuel Santos, entregarán pruebas de lo que han venido denunciando en los últimos meses.

Desde que estaba en campaña, Maduro aseguró que el expresidente Álvaro Uribe, con quien casó su primera pelea por Twitter, se había aliado con la ultraderecha venezolana para matarlo. A los pocos días, dijo que Uribe había unido esfuerzos, además, con el estratega político Juan José Rendón y con el exfuncionario del Departamento de Estado norteamericano, Otto Reich.

El cuento cambió luego de que el líder opositor, Henrique Capriles, visitó al presidente Juan Manuel Santos hace dos semanas en Bogotá. Según la canciller María Ángela Holguín, Maduro había sido informado de antemano, precisamente para evitar un roce diplomático con Venezuela. Aun así, se armó la crisis. Pero en vez de bajarle el tono al impasse, Maduro sugirió luego que el propio Santos se había reunido con Uribe y Rendón, y que era cómplice de un ‘plan perfecto’ para atentar contra su vida, el cual incluía inocularle un veneno. “Yo sé lo que estoy denunciando, lamento que el presidente Santos se haya prestado a esta jugada”, dijo Maduro en esos días, pero anunció en seguida que estaba dispuesto a recomponer las relaciones y a reunirse con el mandatario colombiano.

Dos días después, sin embargo, la historia dio otro giro, cuando el exministro de Defensa venezolano y conductor de un programa de televisión, José Vicente Rangel, dijo sin presentar pruebas concretas que la oposición venezolana había comprado 18 aviones en Estados Unidos, que estarían en camino a una base militar colombiana para lanzar desde allí un ataque a Venezuela. Al día siguiente el ministro del Interior, Miguel Rodríguez Torres, anunció la captura de unos presuntos sicarios colombianos, supuestamente vinculados a la banda criminal de Los Rastrojos y de Chepe Barrera, que estaban ya en territorio venezolano para atentar contra Maduro.

El presidente venezolano, que se autodenomina “el hijo de Chávez”, enfrenta problemas económicos serios y de legitimidad política tras las elecciones, pero al parecer no domina aún el arte de utilizar teorías conspirativas en tiempos de crisis como lo hacía su mentor. Como el Pedro de la fábula infantil, mientras más grita ‘lobo’, más inverosímil resulta el cuento de que lo quieren asesinar desde Colombia.

FUENTE:semana.com